El aborto o, como se ha dado en llamar, interrupción voluntaria del embarazo, es una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo.
Desde que, en 1973, el Tribunal Supremo de EE.UU. declarase mediante la sentencia Roe v. Wade que el aborto era “un derecho” en ese país, esta práctica se ha legalizado o despenalizado en buena parte del mundo que llamamos avanzado no sin grandes controversias. La lucha entre quienes promueven el aborto y quienes tratan de acabar con él han sido constantes. El activismo en este tema tiene un amplia cronología en ambos bandos, a pesar de la breve historia del aborto legal.
El que esto escribe es un periodista de un gran medio de comunicación español que cree que existe en este tema una brutal desinformación y quiere poner su granito para paliarla. No oculta que tiene una postura claramente opuesta al aborto, y considera que precisamente a medida que se sepa más sobre ello la oposición a esta práctica irá creciendo en la sociedad. Está firmemente convencido, en base a presupuestos biológicos, que el óvulo fecundado es una vida humana, y, en base a presupuestos filosóficos, que es persona.
A la vez, considera que el aborto no se puede calificar sencillamente de “asesinato” y que todas las mujeres que eligen o que se ven empujadas a abortar son también víctimas a las que hay que mirar con comprensión y a las que hay que apoyar desde la absoluta convicción de que la maternidad es un bien social.
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